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LOS NIÑOS EN LA BODA

Para nadie es un secreto que un matrimonio no es el mejor lugar para los niños, a la ceremonia, que resultará pesada para ellos, se sigue una fiesta total y completamente concebida para adultos. Esto no implica que no pueda haber niños en las bodas, de hecho hay quienes se casan ya teniendo hijos, así que marginarlos resulta extraño, o si no están los sobrinos del alma, los ahijados, y claro, los pajecitos; así que lo importante es pensar que si van a asistir hay que hacerles la vida más fácil –y facilitársela a sus padres y demás invitados–.

La wedding planner Yiya Vélez dice que los niños que van a la boda deben reducirse específicamente a los ya mencionados –hijos, sobrinos y pajecitos–, y que si van a estar hay que pensar, necesariamente, en un espacio y actividades para ellos. “La idea es tener un salón arreglado especialmente para los niños con colchonetas, mantas, juegos y un par de nanas que se encarguen de ellos, para que los padres puedan disfrutar de la fiesta; así mismo debe pensarse en un menú a su medida”, anota.

Melisa Uribe pensó claramente en ello, por eso a su boda no irán menores de 15 años –a excepción de las damitas de honor, que serán dos y para lo cual eligió, dice, a las más juiciosas–. “Yo quiero que sea una fiesta que todos se gocen y si los papás van con sus niños, ni los unos, ni los otros, la van a pasar bien”, argumenta.

Con respecto a los vestidos de los pajecitos, Yiya Vélez se ha vuelto bastante práctica en el asunto y habiendo en el mercado ropa tan bonita y de buena calidad, busca entre algunos almacenes de niños,  ropa que se ajuste al estilo del matrimonio y sugiere a las novias que se las compren allá. La idea es que se vean como lo que son, es decir, niños, sin desentonar con el estilo de la fiesta y con la posibilidad de que lo que usen ese día, les quede sirviendo para otras ocasiones similares.

Siguiendo con los pajecitos, es ideal que no sean tan pequeños, al menos de tres años (cuando ya tienen un mejor nivel de comprensión),  y asignarles roles distintos a cada uno, así estarán atentos a lo que deben hacer y no se distraerán tan fácilmente o terminarán peleando por cualquier cosa. Tampoco hay que irse al extremo de que sean niños muy grandes, pues se quedan en un camino intermedio entre los tradicionales pajecitos y las más recientes –por lo menos en nuestra cultura– damas de honor, y se pierde algo de encanto.

La tradición indica que un niño lleva los anillos –pueden ser atados en un almohadón, o en una cajita o canasta, según la preferencia de los novios–; luego la damita porta las flores y atrás la pareja. No obstante los novios no siempre siguen la formalidad del protocolo y eligen según los niños que tengan cerca, dos hombres o dos mujeres, mezclados, grupos más grandes, en fin, que no tienen que seguir un orden o función, sino que van delante de ellos al entrar a la iglesia esparciendo flores por el camino o con una flor en la mano; y a la salida tras los recién casados.

Si está planeando su boda, piense bien sobre este punto y sea cual sea su decisión, sea consecuente con ella: si los niños serán bienvenidos, haga algo realmente atractivo para ellos; si de lo contrario piensa que es mejor que se queden en casa, no se sienta culpable, sus padres lo entenderán.

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