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¿Y ahora cómo vivimos casados?

Que todo vuelva a su lugar
Si usted misma se encargó de organizar la boda, tendrá que asegurarse de que, ante su ausencia, alguien devuelva todo lo alquilado –incluido el vestido–, pague por los platos rotos, entregue el licor que no fue consumido y termine de entregar el dinero que haya faltado de algo específico. No se vaya sin tener esto bajo control, la luna de miel es para disfrutar, no para recibir llamadas o correos de cobro.
 
Una buena pinta, un buen ánimo
Sea porque salga de viaje o se quede en casa, es un día para aprovechar, para verse linda, no para pasar tirada en una cama. Si la luna de miel arranca de inmediato, éste no será el día para empacar, algo que ya debería haber hecho desde antes, para no estar estresada al momento de viajar.
 
Estar juntos
Finalmente el día de la boda es un evento social, donde el tiempo que logra pasar la pareja a solas es mínimo, así que, sea que estén en casa o de viaje, aprovechen estas horas para estar juntos. La “chismoseada” con las amigas sobre cómo transcurrió la fiesta puede esperar para cuando se rencuentre con ellas más adelante.
 
Aterrizar
Desde este momento la vida no volverá a ser la misma, y sin adivinar si será mejor o peor, lo importante es empezar, desde ya, a asumir ese nuevo rol, que implica pensar en función de dos, sin perder la individualidad. 
 
Agradecer
Seguramente ya entregó una tarjeta de agradecimiento a todos aquellos que le dejaron su regalo, pero tras momentos tan emotivos, siempre hay alguien a quien se le quiere expresar un agradecimiento aún más profundo. En tiempos del correo electrónico y el Facebook, una llamada a aquella persona que tanto la ayudó o que vino desde lejos a acompañarla, será un detalle que se reconocerá.
 
Cambiar los regalos
Haga esto pronto, pues rápidamente descubrirá que en casa se necesitan muchas cosas y que aquél regalo que le dieron y que no le sirve o el que llegó repetido, puede cambiarse por algún objeto que le resultará de gran utilidad. No se gaste la plata en bobadas por bellas que parezcan, usted puede vivir sin ese sofisticado decantador, pero tal vez no sin un hornito o una licuadora.
 
No dejar “guardados” a sus padres
Si antes de casarse estaba viviendo con sus papás, es más común de lo que se cree que inaugure su nueva casa dejando la mitad de sus pertenencias donde ellos. No lo haga, usted ya creció, ya formó otro hogar y ellos tienen derecho a redecorar y a usar el espacio como mejor les convenga: bote, regale o llene su nuevo cuarto útil, pero no los deje a ellos sin espacio.
 
Ir poniendo las reglas
Es imposible empezar la convivencia con todo perfectamente claro, más si no han vivido juntos antes. Aproveche cada disgusto que vaya surgiendo para conocer un poco más a su pareja y comuníquense muy claramente, que él sepa lo que a usted no le gusta y viceversa. Hay una serie de detalles que sólo los dará la convivencia y es una cuestión de adaptación a la nueva vida más que de imposición de estilos de vida. Ello incluye responsabilidades, obligaciones y, claro, derechos.
 
Habitar su casa
Llegar a un espacio diferente y asumir que ahora se vivirá allí no es sencillo, pero ayuda marcar el territorio, elegir el lado del clóset, poner sus accesorios en ese rinconcito que ya había elegido y los libros en la mesa de noche. Son estos pequeños detalles los que le permitirán, posteriormente, conquistar este nuevo territorio y hacerlo con alegría.
 
Lista de chequeo
Mientras asume sus nuevas rutinas, anotar será su mejor aliado para no olvidar nada, esto aplica tanto para lo cotidiano que debe hacer en casa o pedirle a la empleada que haga, como para ir al mercado, pagar las cuentas y organizar alguna reunión. Ser organizada le facilitará mucho la vida.
 
 

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