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El matrimonio, cuestión de épocas

Un sencillo desayuno, delicioso, pero sencillo, así solían ser las celebraciones de los matrimonios hasta las décadas de 1960 e incluso 1970 en Colombia. Había celebración, claro, pero no parranda, y la música y el licor estaban normalmente ausentes, o eran muy moderados; algunos dirían que se trataban de matrimonios aburridos, lo cual no era un asunto a considerar en aquél momento, porque así eran la mayoría de bodas.
Yiya Vélez, Wedding Planner que siguió los pasos de su mamá Gloria Elena Restrepo de V. en esta carrera, cuenta que el primer matrimonio que ésta organizó hace 42 años fue decorado con claveles azules, lo cual le resulta bien particular. 
 
Eran tiempos donde, además de la ceremonia y la celebración, había otros acontecimientos importantes como la pedida de la mano, que debía hacer el novio a los padres de la novia –y que hoy es más un asunto de pareja– y de bendición de argollas, en una pequeña ceremonia realizada en la casa de uno de los novios con un sacerdote, preferiblemente cercano.
 
Las diferencias no existían sólo en la fiesta, de hecho empezaban con el vestido de la novia, cuyos escotes como el strapless o las “tiritas”, no eran bienvenidos. Si bien el blanco era el color predominante, se trataban de vestidos normalmente más discretos y sencillos, a los cuales se les sumaban guantes y el tradicional tocado o un pequeño velo o mantilla –que hoy no han desaparecido–. 
 
En suma, si se mira la evolución de este rito, es posible ver cómo muchas de las prácticas se conservan, sólo que el espectro hoy es mucho más amplio y depende de los gustos de la pareja. 
Como dice Yiya Vélez: “hoy también se puede celebrar un matrimonio con un desayuno, sólo que ahora lo denominamos brunch, y lo que sí es un hecho es que las fiestas de gala en la noche, son mucho más recientes”.
 
Y claro, es precisamente la fiesta nocturna la que involucra nuevos elementos a las celebraciones, pues con ella llega una mayor formalidad, trajes largos para las mujeres y corbata negra para los hombres, música y en sí una fiesta con “todas las de la ley”. Con respecto a la comida, Yiya anota que esto, como otros aspectos de la boda, varían mucho, no sólo en el tiempo, sino según la región de Colombia en la cual se realice el matrimonio: “anteriormente se usaba más plato servido y aún hay muchas fiestas donde se conserva, pero si se trata de una boda en la costa, podemos estar hablando de bufets que están abiertos hasta por tres horas, así cada quien se sirve en el momento que quiera”, anota.
 
En otros sitios
Algo que también resulta más reciente es realizar la celebración en otra población, bien puede ser en un pueblo cercano, como Santa Fe de Antioquia, o en una ciudad diferente, con el claro ejemplo de lo que representa hoy Cartagena para las bodas. Esto influye en la moda de los novios e invitados, que varía según el clima del lugar y la hora a la cual se realice la ceremonia, algo que anteriormente, dadas las menores alternativas, no tenía que considerarse.
 
Los pajecitos están presentes desde hace décadas, aunque ahora algunas novias han introducido la costumbre estadounidense de casarse con corte de damas, conformado por un grupo de sus amigas. Hay que tener en cuenta también, que las uniones entre parejas de distintos orígenes culturales han aumentado, lo cual supone cambios en los ritos y festejos.
 
Se mantiene, eso sí, la costumbre de disponer de un buen carro cuidadosamente decorado, que puede ser clásico o moderno, cubierto o descapotado, según el estilo de celebración y el clima. Hay quienes aseguran que debe ser de color oscuro para que contraste con el vestido de la novia, mientras otros prefieren que sea tan blanco como ella. Lo que no se usaba hace algunos años, y tampoco lo usan todos hoy, es ponerle latas y otros objetos a la parte trasera del vehículo para que tras la ceremonia, el desplazamiento hasta el lugar de la fiesta, sea ruidoso.
 
Cuestión de gustos, como lo es la “fiesta temática” que se ha hecho muy popular en años recientes, y que se expresa en matrimonios estilo oriental o roquero, por ejemplo, con lo cual el lugar, la comida, los invitados y, por supuesto los novios, se adecúan al concepto. 
 
Para Yiya esto es algo que no tiene mucho sentido, pues dice que un matrimonio es ya, de por sí, algo temático: “es una boda, eso tiene todo un concepto detrás, no hay que sumarle más cosas, ya hay suficiente tema”, afirma.
Tradiciones que evocan muchos recuerdos y que conviene considerar a la hora de planear una boda, pero siempre teniendo en cuenta que es la pareja, su estilo, sus gustos, sus posibilidades, las que deben definir cómo será este día tan especial. Conocerse y dejarse asesorar, conservando un espacio para que la tradición no esté completamente ausente, resultan una receta óptima.
 
 
 
Cambios en el bizcocho
Uno de los cambios más notorios en la fiesta de matrimonio tiene que ver con el tradicional bizcocho negro o de novia, aquello que hace algunas décadas era una exquisitez, y para muchos todavía los es, resulta poco atractivo para ciertos novios hoy; no obstante, precisamente buscando conservar parte de la tradición, han encontrado una manera de incluirlo en la celebración. 
Las trufas de bizcocho, bocados perfectamente decorados y ubicados sobre el puesto de cada invitado, son un detalle muy bello y permite que cada quien, si lo desea, pueda llevárselo consigo, de hecho en muchas fiestas los ponen empacados en cajitas de acetato con ese propósito. 
 
Esto no compite con que los novios tengan otro bizcocho o ponqué, que puede ser de chocolate o hasta de limón con amapola, que es el que parten ceremoniosamente y después se sirve como postre. Otra alternativa existente hoy cuando de endulzar a los asistentes se trata, consiste en la ubicación de un completo bufet de postres, para que cada quien elija qué quiere comer.
 
Categoría: La recepcion

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